Ancestral grano de oro andino abre oportunidades de desarrollo

Ancestral grano de oro andino abre oportunidades de desarrollo

El director de la OIT para los países andinos, Philippe Vanhuynegem, remarca que cuando aumenta la productividad de la quinua se necesita asegurar un acceso de mercado, por lo tanto, resulta fundamental fortalecer el asociatividad y cooperativismo. Este es el camino que han seguido un grupo de productores puneños. Antaño esta humilde semilla era considerada comida para pobres, ahora es la estrella de los platos gurmé y el alimento de los astronautas de la NASA. Un meteórico ascenso que disparó el precio del grano de oro en el mercado internacional, pero que no logró despegar económicamente a los productores andinos. Sin embargo, desde hace dos años campesinos de Puno y Ayacucho decidieron asociarse y promocionar la calidad de este grano ancestral como palanca para el desarrollo de sus comunidades, gracias a una iniciativa emprendida por las Naciones Unidas. Sus resultados se presentaron en el VI Congreso Mundial de la Quinua, por su carácter pionero. Con sello de calidad La quinua puede costar en los supermercados europeos o estadounidenses 15 euros o dólares el kilo, mientras los productores andinos apenas reciben 4 soles por kilo. “La cadena de valor de la quinua agrupa a muchos pequeños productores en situación de pobreza, por lo tanto, contribuir a que se pueda producir con mayor efectividad y eficiencia tiene un impacto en la mejora de la calidad de vida de los campesinos. Además, esta cadena es especial, puesto que tiene un valor nutricional muy alto y goza de un posicionamiento muy bueno a nivel internacional”, explica Miguel Maldonado, coordinador del Programa Conjunto Granos Andinos. El proyecto busca además revalorizar la riqueza cultural de la quinua, cultivada hace más de 7.000 años, y rescatar los saberes ancestrales. El programa, implementado por tres agencias de las Naciones Unidas (FAO, OIT y UNESCO), ha logrado capacitar a más de 2000 productores para cultivar quinua orgánica, y comercializar 154 toneladas métricas con una mejora en promedio del 13% por encima del precio en las ventas individualizadas. “Ha habido un cambio en la venta y comercialización de la quinua que producimos. El año pasado pudimos vender el kilo a 4,50 soles a una empresa de Lima, mientras el precio de compra en el mercado local está a 3,70 soles/kilo. Ha habido un beneficio extra para los productores”, explica Jenny Arapa, auditora interna de certificación orgánica de Puno. Pero el objetivo no solo es exportar al mercado internacional. Fomentar el consumo nacional de este grano andino contribuiría no sólo a impulsar el desarrollo de los productores, sino a acabar con la malnutrición y garantizar la seguridad alimentaria. “Queremos que el país y Ayacucho consuma su quinua, y también que sea empleada en los programas sociales. De nada sirve que hablemos de la quinua como una fuente de proteínas y vitaminas si no lo estamos consumiendo”, explica Marco Antonio García, presidente del Centro Regional de Competitividad e Innovación de los Granos Andinos de Ayacucho. Un ‘banco de crédito’ para las comunidades andinas Jacinta Mamani es productora de quinua orgánica en Acora (Puno) y desde hace unos meses es miembro de una Unión de Crédito y Ahorro (Única). Este sistema de intermediación financiera, que funciona con el dinero que aportan sus miembros, ha logrado que más de 200 vecinos de Ayacucho y Puno tengan acceso a crédito para invertir en proyectos productivos de siembra de quinua orgánica. Hasta enero de 2017, 21 Únicas han logrado acumular un capital de más de 102 mil soles. “La Unica para nosotros es un banquito donde depositamos nuestro dinero. Cada mes, las socias compramos nuestras acciones de 10 soles y a la compañera que necesita le prestamos el dinero con un interés del 3% para que invierta en agricultura”, explica Mamani. Más de la mitad de los integrantes de estas uniones de crédito son mujeres, las cuales desempeñan un papel fundamental en su funcionamiento. “Las Unicas nos han ayudado a las mujeres a empoderarnos, y también a ahorrar”, comentó Edith Vilca, tesorera de una unión de crédito en Ayacucho. Del campo a la mesa Comenzó como una pequeña asociación agrícola que quería generar trabajo para la población de Acos Vinchos (Ayacucho); ocho años después, la quinua orgánica que produce la cooperativa “Campo Verde” se cocina en los fogones del restaurante Tanta, firma del reconocido chef Gastón Acurio, para preparar un suculento ‘quinua airport’. Ahora su próxima meta es vender barritas energéticas de quinua orgánica y kiwicha; un sueño que pronto se hará realidad gracias a la planta de procesamiento y a las capacitaciones que recibieron como parte del programa. “Tenemos una mejora de vida. Nuestra mira siempre estuvo puesta en sacar adelante a nuestro distrito, y encima ahora generamos trabajo. Es una gran satisfacción”, cuenta con orgullo Eduard Navarro, presidente de la cooperativa Campo Verde, Ayacucho. El director de la OIT para los países andinos, Philippe Vanhuynegem, remarca que cuando aumenta la productividad de la quinua se necesita asegurar un acceso de mercado, por lo tanto, resulta fundamental fortalecer el asociatividad y cooperativismo. Este es el camino que han seguido un grupo de productores puneños que se unieron para crear la marca colectiva Aynoka, con el objetivo de potenciar la comercialización de su semilla. “El beneficio de esta marca es que vamos a vender quinua orgánica de Puno. La creamos por la elevada competencia en el mercado, y las elevadas exigencias”, declara Gino Garré, gerente de la planta de Agroindustrias El Altiplano, una de las empresas que conforman esta iniciativa. “La quinua es un cultivo que tiene un conjunto de valores económicos, culturales y productivos, y es fundamental para garantizar la seguridad alimentaria y erradicar el hambre”, manifiesta María Elena Rojas, representante de la FAO. El ancestral grano de oro andino abre una oportunidad de desarrollo para las comunidades andinas que esperan poder beneficiarse de este ‘boom’ económico que ha revolucionado el mercado internacional, pero no ha logrado despegar económicamente a las comunidades donde originariamente cultivan este producto. Fuente: http://www.losandes.com.pe/Cultural/20170416/105301.html

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